miércoles, 8 de julio de 2015

Bob Dylan y un señor de Tarragona

Llegaba el momento de los bises en el concierto de Bob Dylan en Madrid el pasado lunes. Sabíamos que eran los bises porque sí, repetía set list. Y quizá por eso lo estábamos disfrutando más. En ese momento, mini de cerveza en mano, me atrona un grito "¡qué decepción!, ¡qué estafa!, ¡80 euros para esto!, ¡Me lo pasé mejor viendo a AC/DC!". Ya tenemos al pelmazo de todos los conciertos de Dylan. Siempre hay alguien que, con un par de cervezas más de la cuenta, monta el numerito de gritar lo mismo en los conciertos de Bob (seguramente es el que gritó "Judas" al principio, otro clásico de los que van a llamar la atención).
Nos jorobó bien el difrutar tranquilamente de Blowin' in the wind y de Love Sick. Por lo menos los berridos eran solo al final y al principio de las canciones, y por supuesto en el aplauso final.
Me di la vuelta y le pedí que dejar de fastidiarnos el final del concierto. Ni caso, claro. Una vez terminado y saliendo del Palacio de los Deportes, me lo encuentro y no pierdo la oportunidad de recordarselo. Es verdad que le veo afectado, negando con la cabeza hacia abajo. Me pide perdón, se justifica diciendo que viene de Tarragona, que se ha hecho 600 kilómetros, que le regalaron las entradas como regalo de bodas (esto me parece que fue añadido suyo furto del alcohol en sangre y para intentar dar más dramatismo), que tiene todos los discos de Dylan, que le hacía mucha ilusión este concierto y que para él ha sido una decepción. Después de charlar un rato se me pasan las ganas de estrangularle que me entraron unos minutos antes.
Pero el señor de Tarragona personifica bien algunas de las objeciones que oí el lunes y ayer a algunos de los que fueron al concierto.
Podemos resumirlas en estos puntos:

  • No se reconocen las canciones. A consecuencia de ello, no se puede ni tararear siquiera. 
  • El set list no suele ser el de su ejemplar de los Greatest Hits (en la mayoría de los casos es el único disco de Dylan que tienen).
  • Sufren las confusión de que Bob Dylan ha sido siempre y lo será un cantautor protesta, y esperan consignas y guiños desde el escenario.
  • Se quejan amargamente de que la camiseta de la tienda oficial cueste casi seis mil pelas. ¡Maldito Bob que mercantiliza todo! ¡yo que quería comprarme el equipo completo (y eso seguro que me habría ayudado a pensar que había sido un mejor concierto)!
  • Braman porque las pantallas del estadio no funcionaron (¿Nadie se ha parado a pensar si se llegan a encender los pantallones esos que había a ambos lados se habría ido al carajo el precioso ambiente del escenario? ¿Por qué no disfrutar más de lo que sucedía en vez de querer alimentar la curiosidad de ver qué cara ponía Dylan?)
Mi diagnóstico se basa sobre todo en que se mezcla un desconocimiento total de la obra de Bob Dylan, pero sobre todo una actitud ante el arte extrapolable a otros ámbitos culturales: una absoluta incapacidad para asombrarse, para conocer, para descubrir. Que provoca que sólo se acepte lo fácil, lo que entra a la primera, el "buenas noches, Madrid!!!" y luego que suene como suene. 
Con Dylan amigos, nos encontramos con un creador mayúsculo, inmenso. Al que no le valen los esquemas que tenemos con otras estrellas. 
Existen cientos de grabaciones con la ingenuidad y la sinceridad de los 60, con la fuerza de los 70, con la emoción de los 80, y con la precisión de los 90. El siglo XXI es el que nos ha tocado coincidir con Dylan, así que sabiendo que la realidad es testaruda, disfrutemos de este Bob, no de otro que no existe hoy en vivo. No queramos usarle. No pretendamos un mono de feria que nos entretenga. Admitamos a un viejo de 74 años que sigue provocando. 
Espero que el señor de Tarragona haya ido en el viaje de vuelta masticando lo que fue, verdaderamente, un gran concierto.
 

7 comentarios:

  1. sobre lo del ambiente del escenario, he leído por los foros de expectingrain (y conicido) que el setlist y la puessta en escena en general (incluyo en esto la política de no-pantallones), era más para un teatro o sitio pequeñito (menos de 2000-3000 personas), que es donde viene tocando Mr. Dylan en esta gira y no para el Palacio de Deportes, que está muy bien para la música que suena fuerte y con espectáculo de luz y colores más intensos

    yo, pese a los gritones y algún pito que otro por ahí, disfruté como un enano

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    1. Desde luego yo habría dado un brazo porque el concierto fuera en un teatro. pero pienso de verdad que la iluminación tenía un especial protagonismo y que consiguió crear ambiente de club de jazz

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  2. Dylan es un genio, y lo tendria muy facil tirando de catalogo y cantando de un modo similar a los discos todos los temas, pero Dylan se lo curra cada noche y hace lo que ha de hacer un artista de verdad que es entregar arte al publico que lo sepa apreciar...

    He estado en unos cuantos conciertos del maestro, y cada concierto es distinto, hay musicos que los ves una vez y mas o menos sabes que siempre daran conciertos similares,pero Dylan es Dylan...no hay mas que decir, siempre mantiene el misterio..

    En esta gira lo ví en Barcelona, el concierto me parecio genial, tambien digo que no creo que estar sentado por obligacion sea la mejor forma de ver un concierto de Bob y tampoco veo muy logico que no se pueda tomar una birra cuando ha comenzado el concierto...aunque yo me levanté en diversas ocasiones (siempre procurando no tapar la vision de quien quiere verlo sentado) y en los ultimos temas pude verlo muy cerca del escenario...

    Estos conciertos de la gira española de Bob son una demostracion de clase, talento y maestria en el escenario.

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  3. https://plus.google.com/b/111280795343591834226/events/cn8bjq6o25l5d6r85hfdubd1eqc

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